Libros en movimiento: la logística que sostiene a la industria editorial
La industria editorial atraviesa un momento de transformación marcado por cambios culturales, tecnológicos y en los hábitos de lectura. En ese escenario, el libro físico sigue manteniendo un lugar relevante, pero su circulación depende cada vez más de una cadena logística eficiente que conecte imprentas, centros de distribución, librerías y lectores en todo el país. Para Marcela, “un libro puede estar muy bien escrito, pero si no llega a la librería o al lector, todo ese trabajo pierde sentido”.
¿Cómo describirías el contexto actual de la industria editorial en Argentina?
Lo primero que se me ocurre es hablar de tres conceptos: movimiento, desafío e inquietud. La industria editorial está cambiando de manera muy vertiginosa. Las redes sociales, la tecnología y los nuevos formatos modificaron la manera en que se producen, se leen y se distribuyen los libros.
Hoy vemos que los hábitos de lectura son distintos. Los textos muy largos o muy densos generan más dificultad para captar la atención de los lectores, por lo que muchos libros se vuelven más fragmentados o más breves. También cambió la percepción social del libro. Durante mucho tiempo fue un objeto muy valorado dentro de los hogares; hoy compite con muchas otras formas de consumo cultural.
Sin embargo, también hay señales positivas. En los últimos años la literatura juvenil tuvo un crecimiento muy fuerte y aparecen fenómenos interesantes, como clubes de lectura o encuentros de personas que se reúnen a leer. Eso muestra que el libro sigue teniendo un lugar importante dentro de la cultura, aunque la industria deba adaptarse permanentemente.
Desde el punto de vista operativo, ¿qué rol cumple la logística dentro de la industria editorial?
La logística es absolutamente central. Nada de lo que hacemos tendría sentido si los libros no pudieran circular. Desde el momento en que recibimos el material original hasta que el libro llega a una librería o a un lector, todo depende de procesos logísticos.
Los libros salen de la imprenta, se trasladan al depósito o centro de distribución y desde allí se organizan los envíos de novedades a todo el país. También hay una logística vinculada a la prensa, a la promoción y a los eventos culturales. Todo requiere planificación y coordinación. En ese sentido, la industria editorial funciona como muchas otras industrias: sin logística no hay circulación del producto y, por lo tanto, tampoco hay acceso al libro.
¿Cómo funciona la distribución de libros en un país tan extenso como Argentina?
La distribución nacional implica desafíos distintos según la distancia y el tipo de cliente. No es lo mismo enviar libros a una librería del conurbano que hacerlo a provincias más alejadas.
Además, después de la pandemia cambiaron mucho los tiempos de entrega. El crecimiento de las ventas online hizo que los plazos se vuelvan más exigentes. Hoy una tienda que vende por internet necesita tener el libro disponible en muy poco tiempo; si no, la venta se pierde.
Eso obligó a que nuestra logística sea mucho más ágil. En muchos casos debemos entregar los pedidos en 24 o 48 horas para los clientes que venden online. En otras ciudades importantes del país los tiempos también se acortaron mucho. Rosario, por ejemplo, puede resolverse en dos días y Córdoba en pocos días hábiles.
En promedio, en un servicio de novedades movemos alrededor de 85.000 ejemplares por mes a distintos puntos del país. La distribución completa puede llevar cerca de diez días, y uno de los mayores desafíos logísticos aparece en los envíos a Ushuaia, donde intervienen procesos aduaneros que hacen que el traslado sea más complejo.
Dirigir una editorial implica equilibrar cultura y negocio. ¿Dónde está hoy el principal desafío?
En general, quienes trabajamos en la industria editorial lo hacemos porque amamos los libros. Esa es una condición básica para formar parte de este mundo. Pero además existe una fuerte conciencia de la responsabilidad cultural y social que implica ser editor.
La editorial que dirijo, por ejemplo, realiza muchas acciones para promover la lectura. Una de las actividades implica visitar escuelas donde una narradora cuenta cuentos durante toda una jornada. Es una actividad gratuita que tiene como único objetivo acercar los libros a los chicos y despertar el interés por la lectura.
Por supuesto que vender libros es importante, pero lo que realmente necesitamos es formar lectores. El libro tiene una capacidad enorme para acompañar a las personas, abrir nuevas ideas y generar cambios. Por eso también incluimos libros sobre temáticas actuales como ansiedad, bullying, menopausia, dificultades de comunicación y tantos otros que buscan aportar herramientas para solucionar temas complejos.
¿Qué implica liderar equipos dentro de una industria cultural como la editorial?
Para mí es un gran placer. Como decía antes, quienes trabajamos en esta industria sentimos una gran pasión por lo que hacemos. El libro tiene una capacidad única para generar experiencias en los lectores y eso se refleja también en el trabajo cotidiano.
Muchas veces escuchamos testimonios de personas que cuentan que un libro les cambió la vida o que aprendieron algo importante gracias a una lectura. Ese tipo de devoluciones generan una motivación muy fuerte dentro de los equipos.
El desafío del liderazgo pasa más por coordinar esas energías y orientar el trabajo de todos hacia un mismo objetivo: que cada vez más personas tengan acceso a los libros y puedan vivir esa experiencia de lectura.
¿Qué mensaje le darías a los profesionales del sector logístico que participan en la distribución de libros?
Para nosotros la logística es fundamental. Un libro puede estar muy bien escrito, tener una gran estrategia de comunicación y una buena recepción del público, pero si no llega a la librería o al lector, todo ese trabajo pierde sentido.
Por eso el vínculo con los transportistas y con todos los profesionales que participan de la distribución es muy importante. En momentos como las ferias internacionales, por ejemplo, el movimiento es enorme y necesitamos contar con una logística muy rápida y confiable.
Siempre digo que el transportista que lleva libros no está transportando un paquete más. Está llevando historias, conocimiento, cultura y oportunidades para los lectores. Cuando alguien entiende eso, el trabajo logístico también se vuelve parte de la experiencia del libro.