Artistas guatemaltecos reunieron a más de 200 voces y músicos en un tributo por el terremoto de 1976

Más de 200 artistas guatemaltecos interpretaron el Réquiem de Verdi el 12 y 13 de agosto en la Gran Sala Efraín Recinos para cerrar la Temporada Ad Aeternus con un homenaje a las víctimas del terremoto de 1976, una tragedia de magnitud 7.5 que marcó la historia de Guatemala y cuya memoria motivó esta conmemoración a cinco décadas del desastre.
La presentación convirtió al Centro Cultural Miguel Ángel Asturias en un espacio de recuerdo durante dos noches consecutivas. La iniciativa estuvo dedicada a las personas que murieron en el sismo y usó una de las obras sacras más reconocidas del repertorio para articular ese tributo desde la música.
El dato central del acto fue ese: la temporada concluyó con una interpretación colectiva del Réquiem de Giuseppe Verdi a cargo de más de 200 intérpretes nacionales, reunidos para honrar a las víctimas del terremoto de 1976 y para subrayar, al mismo tiempo, la capacidad de reconstrucción de la sociedad guatemalteca.

La obra reunió coros, orquesta y solistas en un mismo escenario
La interpretación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional de Guatemala, junto con el Coro Nacional de Guatemala, el Coro Lírico de Guatemala, el Coro Nacional de Personas con Discapacidad César Augusto Hernández y el Coro Ad Aeternus. La dirección fue asumida por el maestro invitado Martín Corleto.
A ese cuerpo coral y orquestal se sumaron los solistas Leslie Gonzáles, soprano; Dulce Paiz, contralto; Pedro Solís, tenor, y Edgar Muñoz, bajo-barítono. La ejecución estuvo atravesada por los contrastes propios de la partitura, entre pasajes de recogimiento y momentos de gran intensidad sonora.
La puesta en escena también reunió a integrantes de la Escuela Nacional de Canto Gloria Marina, la Unidad de Cine del Área de Apoyo a la Creación Artística del Ministerio de Cultura y Deportes y el Coro Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Esa articulación permitió concentrar en una sola obra a intérpretes vinculados con distintas instituciones artísticas y formativas del país.
La participación del Coro Nacional de Personas con Discapacidad César Augusto Hernández añadió otra dimensión a un montaje construido desde la diversidad de voces y trayectorias. El resultado fue una convergencia de agrupaciones que compartieron escenario en una obra de alta exigencia musical.

El homenaje se vinculó con el terremoto y con la memoria nacional
La elección del Réquiem tuvo un sentido directo: su relación con la muerte y el recuerdo lo convirtió en la pieza escogida para rendir homenaje a quienes perdieron la vida en el terremoto de 1976. El sismo, de 7.5 grados de magnitud, derribó casas y edificios y quedó registrado como una de las mayores tragedias naturales del país.
Durante el acto protocolario de la segunda presentación estuvieron presentes el presidente de la República, Bernardo Arévalo, y el ministro de Cultura y Deportes, Luis Méndez Salinas, además de autoridades, artistas y público. La presencia de funcionarios se incorporó a una ceremonia concebida como encuentro entre instituciones, memoria y creación artística.
El ministro resumió ese sentido colectivo con una frase pronunciada durante la actividad: “Esto es la convergencia de muchas instituciones que ya forman parte de la historia artística de Guatemala, que decidieron unirse para brindarnos un espectáculo de talla mundial”.
También evocó la respuesta social posterior al desastre con otra referencia explícita al sismo: “7.5 grados de magnitud telúrica que derribaron casas y edificios, pero que jamás alcanzaron a derrumbar el espíritu solidario que nos define”.
El Réquiem nació como una obra de duelo en la Italia del siglo XIX
El Réquiem de Giuseppe Verdi fue estrenado el 22 de mayo de 1874 en la iglesia de San Marcos de Milán, en Italia. El compositor lo escribió en memoria del escritor italiano Alessandro Manzoni, a quien admiraba profundamente, después de su muerte en 1873.
La composición está dividida en siete grandes movimientos: Requiem y Kyrie, Dies Irae, Offertorium, Sanctus, Agnus Dei, Lux aeterna y Libera me. Con el paso del tiempo, la obra se consolidó como una de las piezas centrales del repertorio sacro por la combinación entre tradición religiosa e intensidad dramática.
Con esa segunda función, la Temporada Ad Aeternus quedó cerrada en la Gran Sala Efraín Recinos como un homenaje a las víctimas del terremoto de 1976 y como una muestra del alcance interpretativo de los artistas guatemaltecos en una partitura de trascendencia internacional.








































