4 hábitos nocturnos que elevan el riesgo de accidente cerebrovascular, según la ciencia

En Estados Unidos, una persona sufre un accidente cerebrovascular cada 40 segundos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Lo que sucede después de las cinco de la tarde —en el sofá, en la mesa o con una copa en la mano— puede influir más en esa estadística de lo que la mayoría imagina.
La evidencia científica acumulada en los últimos años establece vínculos directos entre cuatro conductas habituales de la rutina nocturna y los principales factores de riesgo del derrame cerebral: la hipertensión arterial, la resistencia a la insulina, la inflamación vascular y la mala calidad del sueño.

1. Las cenas con alto contenido de sodio
El sodio es el factor dietético más directamente vinculado al riesgo de accidente cerebrovascular a través de su efecto sobre la presión arterial.
Una revisión paraguas publicada en 2025 en Annals of Medicine, que analizó múltiples metaanálisis, determinó que una ingesta elevada de sal se asocia con un riesgo 34% mayor de sufrir un accidente cerebrovascular (OR = 1,34; IC del 95%: 1,19–1,51) y un 40% mayor de morir por esa causa. Cada gramo adicional de sodio por día eleva el riesgo de accidente cerebrovascular un 6%.
El problema se concentra, en muchos casos, en la cena. Los alimentos ultraprocesados, las comidas de restaurante, las pizzas, las sopas enlatadas y los embutidos suelen acumular cantidades de sodio que superan ampliamente las recomendaciones. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos fija el límite diario en 2.300 miligramos, pero el consumidor promedio ingiere más de 3.300 miligramos al día, según datos del CDC.
La Guía de Prevención Primaria del Accidente Cerebrovascular de 2024, publicada por la Asociación Americana del Corazón (AHA) y la Asociación Americana del Accidente Cerebrovascular (ASA) en la revista Stroke, refuerza ese vínculo: la reducción del sodio en la dieta figura entre las intervenciones con mayor respaldo para preservar la salud vascular y reducir el riesgo cerebrovascular a largo plazo.

2. El alcohol nocturno
La copa de vino o el cóctel con los que muchas personas cierran el día tienen un perfil de riesgo más complejo de lo que sugiere la imagen cultural que los rodea. Una declaración científica de la AHA publicada en Circulation en julio de 2025 sintetizó la evidencia disponible y concluyó que el consumo intenso —definido como tres o más bebidas por día, o episodios de consumo excesivo— se asocia de manera consistente con peores resultados en todas las enfermedades cardiovasculares estudiadas.
En el caso específico del accidente cerebrovascular, el documento de la AHA señala que un aumento de 100 gramos de alcohol por semana —equivalente a aproximadamente una bebida estándar por día— eleva el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico en un 13%, el de hemorragia intracerebral en un 17% y el de hemorragia subaracnoidea en un 9%, según un análisis combinado de 600.000 bebedores habituales en 19 países de ingresos altos. Los estudios de aleatorización mendeliana, que minimizan el sesgo de confusión propio de los estudios observacionales, confirman esa dirección causal.
El alcohol también actúa de manera indirecta: eleva la presión arterial, favorece la inflamación vascular y altera la arquitectura del sueño, tres vías que, por sí solas, ya incrementan el riesgo cerebrovascular.

3. Los azúcares añadidos al caer la tarde
Llegar a casa con hambre y recurrir a bebidas azucaradas o snacks dulces antes o después de la cena puede tener consecuencias que van más allá del exceso calórico.
Un estudio publicado en Frontiers in Public Health en 2024, que siguió a 69.705 hombres y mujeres suecos, encontró que consumir más de ocho porciones semanales de bebidas endulzadas se asocia con un riesgo 19% mayor de accidente cerebrovascular isquémico.
El vínculo entre el azúcar añadido en general y el accidente cerebrovascular isquémico también resultó positivo y lineal a partir de ciertos umbrales de ingesta.
Otro análisis publicado en el Journal of the American Heart Association en 2025, basado en datos del estudio Global Burden of Disease, calculó que el número global de muertes cardiovasculares atribuibles a las bebidas azucaradas aumentó un 35% entre 1990 y 2019 entre adultos de mediana edad.
El índice de masa corporal media una parte significativa de esa asociación: el exceso de azúcar favorece el aumento de peso, lo que eleva la presión arterial y deteriora el control glucémico, dos de los factores de riesgo más sólidos del accidente cerebrovascular.
La guía AHA/ASA de 2024 mencionada anteriormente incluye la reducción del azúcar añadido entre las recomendaciones dietéticas orientadas a preservar la salud vascular a largo plazo.

4. Las horas prolongadas en el sofá
Después de una jornada laboral sedentaria, prolongar esa inactividad durante la tarde y la noche suma horas de riesgo de manera independiente al ejercicio que se haya realizado durante el día.
Un estudio con datos del UK Biobank publicado en Nature and Science of Sleep en 2024, que siguió a 478.198 participantes durante 12,7 años, encontró que el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta de forma progresiva con más horas de sedentarismo en el tiempo libre: quienes permanecen sentados más de ocho horas diarias tienen un 24% más de riesgo que quienes lo hacen menos de cuatro horas.
El mismo análisis mostró que reemplazar una hora de sedentarismo por actividad física vigorosa se asocia con una reducción del 7% en el riesgo de accidente cerebrovascular.
Un segundo estudio del UK Biobank, publicado en BMC Public Health en diciembre de 2025, con 474.983 participantes, confirmó que mantener menos de seis horas diarias de tiempo sedentario forma parte de un conjunto de factores que, combinados, reducen el riesgo de accidente cerebrovascular hasta en un 35%. Interrumpir el tiempo sentado con caminatas cortas, estiramientos o tareas domésticas puede contribuir a reducir ese riesgo sin necesidad de una sesión de gimnasio.
































