La Diputada Elizabeth Montoya, sobreviviente de un atentado que sufrió junto al también Legislador Sergio Torres Félix, publicó un video en el que lanzó un discurso crítico contra los gobiernos y la violencia.
A través de sus cuentas de redes sociales, la representante del Movimiento Ciudadano difundió este llamado de casi tres minutos, en el que busca la empatía de una sociedad sinaloense, al recordar su caso y explicar cómo ha sido su recuperación.
“El pasado 28 de enero mi vida cambió para siempre, la violencia me alcanzó abruptamente; perdí un ojo y esto no significa únicamente que perdí parcialmente la visión, esto significa que debo aprender a vivir con una realidad distinta y con las secuelas que un acto de violencia deja en la vida de una persona y de toda su familia”, dijo.
Elizabeth Montoya y Sergio Torres Félix se trasladaban en una camioneta por el Malecón Niños Héroes de Culiacán cuando fueron interceptados por un grupo de civiles armados y fueron atacados a balazos; los dos resultaron heridos, y mientras ella perdió un ojo, Sergio se llevó la peor parte con disparos en la cabeza que lo han dejado con secuelas muy negativas.
Montoya Ojeda recalcó cómo ha sido enfrentar un proceso de recuperación física y emocional que aún no termina.
“No ha sido fácil, pero encontré en esa experiencia la fuerza para seguir adelante con un propósito; no me doblegué, no me quedé en el miedo, porque el miedo paraliza y Sinaloa no puede permitirse seguir paralizado”, arenga en el video.
Dijo que comparte la indignación de miles de familiares que también han perdido mucho en esta guerra entre facciones.
“Por eso decidí volver a la vida pública, para no convertirme en una estadística más”, señala.
“Volví para recordarles que la paz no es un favor que se nos concede, sino un derecho que debemos exigir y defender”.
“Hoy levanto la voz por mí, por mi familia y por todas aquellas personas que han visto su vida afectada por la violencia, por quienes han sido víctimas de un sistema que ha fallado en protegernos, que ha normalizado la impunidad y que ha sido incapaz de garantizar la paz que merecemos. Yo no me rindo y ustedes tampoco deberían”.
Cuando pensamos en el impacto de la violencia en nuestras comunidades, la tendencia general es enfocar la atención en las cifras inmediatas (el recuento de homicidios, los titulares del día o las pérdidas materiales tras un brote de inseguridad). Sin embargo, las heridas más profundas son las que se cuelan en nuestra rutina, alteran el organismo y van desgastando, de manera silenciosa pero drástica, la vida en comunidad.
En nuestro estudio longitudinal recién publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health (https://doi.org/10.3390/ijerph23081029), nos propusimos analizar con rigor científico un fenómeno que los sinaloenses conocemos de primera mano, el modo en que una sociedad pasa del susto o la alarma inicial a un estado permanente de adaptación biopsicosocial.
Uno de los hallazgos más reveladores fue lo que llamamos la “dinámica a dos velocidades”, una paradoja donde la conducta de la gente y la realidad objetiva se desacoplan. Cuando se desencadena una crisis de inseguridad, todos reaccionamos de inmediato ajustando la rutina (fijamos toques de queda voluntarios al anochecer, recortamos nuestras salidas, miramos con recelo el entorno y no soltamos el teléfono revisando chats y redes para ver si es seguro transitar). Lo verdaderamente alarmante para la salud pública es que, cuando las aguas se calman y las cifras oficiales bajan, nuestro chip mental no regresa al estado original.
Este desacople demuestra que la hipervigilancia deja de ser una defensa temporal para convertirse en nuestra forma habitual de vivir. No recuperamos la tranquilidad de antes; en su lugar, adoptamos un “nuevo normal” marcado por la alerta constante y el desgaste alostático, que no es más que la factura biológica que nos cobra el cuerpo por estar adaptándose a un estrés que nunca se apaga.
A nivel individual, esta tensión sostenida se traduce en trastornos del sueño, cansancio acumulado que somatizamos físicamente y un incremento en el consumo de medicamentos o sustancias para controlar la ansiedad y poder descansar. La biología humana simplemente no está diseñada para vivir en alerta perpetua sin pagar un precio en la salud.
Pero el impacto colectivo es igual de severo. El estudio demuestra cómo la amenaza continua erosiona directamente la confianza en los demás. Nos volvemos sospechosos ante el vecino, el peatón o el desconocido, provocando una pérdida paulatina de la empatía y de las redes de apoyo comunitario. Al dejar de confiar en quien nos rodea, terminamos abandonando las plazas, los parques y los espacios de convivencia. Ocurre entonces una especie de colapso en el contrato social cotidiano, la comunidad se fragmenta y la vida colectiva se reduce a estrategias aisladas donde cada familia busca cómo salir adelante por su cuenta. Con el tiempo, la suma de esta fatiga mental, la presión económica y el aislamiento social se convierte en el detonante principal de la intención de migrar; la idea de irse de la ciudad ya no nace de un evento violento puntual, sino del cansancio acumulado de no poder proyectar un futuro tranquilo en casa.
Entender esta realidad nos obliga a cambiar la forma en que concebimos la salud pública en contextos difíciles. No podemos abordar la inseguridad únicamente con más patrullas o presencia policial, ignorando que la violencia es un determinante crítico de la salud mental y colectiva. La paz de una región no se decreta sólo porque baje un indicador en la gráfica oficial.
Lo que hace a este estudio verdaderamente valioso es que no se queda en la foto del momento ni en las métricas de siempre; va al fondo para explicar cómo nos cambia la vida cuando la incertidumbre se vuelve parte del paisaje. A nivel local, nos da evidencia científica para entender que sanar como sociedad exige atender lo que nos pasó por dentro. Y a nivel internacional, aporta una lección clara sobre cómo las comunidades adaptan su mente y su conducta cuando aprenden a salir adelante en entornos complejos.
Al demostrar con evidencia que no basta con que bajen las cifras delictivas si el desgaste emocional y la desconfianza persisten, esta investigación nos invita a dar un giro conjunto. Es un llamado para que las autoridades trasciendan el patrullaje e inviertan decididamente en la salud mental y la infraestructura social. Al mismo tiempo, representa una invitación a la ciudadanía para vencer el miedo, reapropiarnos del espacio público y restaurar la confianza mutua a través de hechos y actitudes recíprocas, renovando el compromiso con el futuro y el arraigo en nuestra propia tierra.
A casi dos años del inicio de la crisis de seguridad en Culiacán, los negocios con actividad nocturna todavía enfrentan dificultades para recuperar los horarios que tenían antes de septiembre de 2024, reconoció Janet Faviola Tostado Noriega, secretaria de Desarrollo Económico municipal.
La funcionaria señaló que los establecimientos cuya dinámica depende principalmente de la actividad nocturna han sido de los más afectados, pues han tenido que reducir parte de sus horarios de operación.
“Ahí el reto ha sido mayor, ha sido mayor porque pues hay que entender que la dinámica de esos negocios que tienen ya un horario más nocturno, pues sí se han visto afectados, se han tenido que reducir parte de sus horarios”, expresó.
La reducción de la actividad nocturna comenzó a evidenciarse tras el inicio de la crisis de violencia el 9 de septiembre de 2024, cuando restaurantes, bares y otros establecimientos redujeron sus horarios ante la menor afluencia de clientes y el temor de trabajadores y consumidores.
Como parte de los esfuerzos para recuperar esta actividad, en marzo de 2025 autoridades estatales y federales pusieron en marcha el operativo “Culiacán en Movimiento”, diseñado para brindar seguridad durante las noches y reactivar la economía en zonas comerciales y de esparcimiento.
El despliegue contempló inicialmente los sectores Centro, Tres Ríos y el corredor del bulevar Pedro Infante, además de vigilancia en 15 rutas de transporte.
Incluso, en agosto de 2025 la Secretaría de Economía estatal aseguró que el operativo había permitido que plazas comerciales, restaurantes y bares comenzaran a extender sus horarios y registraran una mayor afluencia de clientes.
Sin embargo, Tostado Noriega reconoció que la recuperación todavía es parcial y que la actividad nocturna no ha regresado a los niveles que se tenían antes de la crisis.
“Sí hay vida nocturna, no podemos decir que no la hay, sí la hay, no como quisiéramos, pero bueno, eso es parte del reto”, dijo.
Añadió que las plazas comerciales y las tiendas ancla han realizado esfuerzos para ampliar nuevamente sus horarios de cierre, como parte de una recuperación gradual de la actividad económica nocturna de Culiacán.
“Las mismas plazas comerciales, plazas, tiendas anclas que están en las plazas comerciales han hecho un esfuerzo de ir ampliando sus horarios de cierre. Bueno, pues estamos inmersos en esa dinámica”, apuntó.
El cierre de negocios en Culiacán ha comenzado a desacelerarse, al pasar de hasta ocho establecimientos que bajaban la cortina cada tres días a aproximadamente uno por semana, informó Óscar Sánchez Beltrán, líder de la Unión de Comerciantes de Culiacán.
Sánchez Beltrán señaló que esta disminución representa una señal de estabilización para el sector comercial derivado de la crisis de violencia sostenida desde septiembre de 2024.
Sin embargo, advirtió que la crisis económica todavía se mantiene y que la recuperación está ligada a las condiciones de seguridad.
“Nosotros creemos que este segundo semestre del 2026 estaremos tocando fondo en el tema de cierre de negocios. Ya se detuvo la caída o la estadística de cierre de negocios que estaba muy acelerada; se ha detenido. Ya están cerrando, si acaso, un negocio por semana. Ya antes teníamos ocho negocios cada tres días que estaban cerrando”, explicó.
El líder de los comerciantes consideró que esta situación muestra una tendencia hacia la estabilización y genera cierto optimismo entre los empresarios para resistir durante la segunda mitad del año.
“Esto qué quiere decir: que hay una tendencia a estabilizar y hay un optimismo por aguantar el segundo semestre de este año, que es el más importante para nuestro sector. Las fechas que siguen: 16 de septiembre, Día de los Muertos, Halloween, las posadas, Navidad”, señaló.
Añadió que estas temporadas representan una oportunidad para el comercio, por lo que esperan que durante los próximos meses comience una recuperación económica, aunque todavía sea moderada.
“Es la mejor etapa del sector comercial y creemos que iniciará una pequeña, incipiente, pero recuperación económica en Culiacán, la que no habíamos tenido. Estamos al inversa, traíamos una caída en la reactivación económica y nosotros creemos que en el 2026 empezaremos nuevamente a crecer, muy poco, pero lo haremos y en 2027 le servirá todo este crecimiento”, expresó.
Sánchez Beltrán advirtió que esta recuperación podría frenarse nuevamente si las condiciones de seguridad empeoran, pues aseguró que la actividad comercial está estrechamente relacionada con la percepción de seguridad y el movimiento económico.
“Esperemos que sí. Desafortunadamente, todo está ligado al tema de la seguridad pública. Podríamos tener un retroceso como lo tuvo Mazatlán. Mazatlán tuvo muchos problemas, igual que Culiacán, en el tema de seguridad; se detuvo de alguna forma, regresó una parte del turismo, el comercio empezó a funcionar, pero ¿qué es lo que pasa en estos momentos? Hay una nueva crisis de seguridad y eso está haciendo que nuevamente los comercios vuelvan a caer en crisis económica”, dijo.
Señaló que la falta de turismo y de circulante puede repercutir nuevamente en los establecimientos, por lo que consideró indispensable que la recuperación de Culiacán se acompañe de mejores condiciones de seguridad.
“Hay una falta de circulante, dinero, por la falta de turismo y los está afectando. Esperemos que en Culiacán, aunque los delitos continúan todavía, los de alto impacto, los homicidios fuertes que llaman mucho la atención se mantienen, pero de cierta medida se ha mantenido en un cierto límite donde no hemos considerado que está fuera totalmente de control como fue hace unos meses”, comentó.
Buscan evitar más cierres
El líder de la Unión de Comerciantes de Culiacán explicó que el sector mantiene un programa denominado RCP, Resucitador Empresarial, mediante el cual buscan intervenir cuando detectan que un negocio está en riesgo de cerrar.
“Nosotros traemos un proyecto o un programa que se llama RCP, Resucitador Empresarial, por parte de la iniciativa, de parte del sector comercial, donde cuando conocemos que un negocio va a cerrar, nos acercamos a apoyarlo con información y también en capacitación sobre qué estrategias puede tomar para que sea la última medida el cierre de negocios”, explicó.
Detalló que una de las primeras acciones consiste en renegociar las rentas, pues este representa uno de los principales gastos para los empresarios.
“Lo primero que empezamos es renegociar las rentas, que son lo que finalmente el pasivo más fuerte que tiene el empresario para poder continuar y en la mayoría de los casos se han logrado de alguna manera reorganizar ese tema con los propietarios de los locales porque han entendido y son sensibles por la situación económica que están pasando”, señaló.
También indicó que se asesora a los comerciantes en el manejo de personal y en la reducción de horarios laborales para disminuir gastos de operación.
“De ahí que lo asesoramos en el manejo del personal. En estos momentos, la mayor parte de los comerciantes están reduciendo uno de los dos horarios. Manteníamos dos horarios laborales, estamos nosotros ahorita dejando un solo horario laboral y eso está haciendo que cerremos temprano, a las 6, 7 de la tarde”, explicó.
Sánchez agregó que también buscan acercar a los empresarios a los programas de apoyo de las autoridades municipales y estatales.
“También nos acercamos a los diversos programas que tiene la Secretaría de Desarrollo Económico del Gobierno municipal y lo acercamos a los programas y herramientas que tiene la Secretaría de Economía del Gobierno del Estado, aunque son limitados, pero de alguna manera pudieran en algún momento ayudar a estos comercios”, dijo.
De acuerdo con el dirigente, este programa ha permitido evitar el cierre de 38 establecimientos que ya se encontraban prácticamente por bajar la cortina.
“Hemos logrado recuperar del cierre a 38 negocios, ya por el cierre, que ya estaban incluso sacando algunos muebles de sus negocios. Logramos nosotros que se mantuvieran, ahí están todavía”, afirmó.
No obstante, aclaró que estas acciones no representan una solución definitiva para todos los establecimientos.
“Esto no quiere decir que sea una receta mágica que vaya a funcionar siempre, sino que interviene nada más cuando el negocio ya está bajando cortina”, puntualizó.