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Tiempos de venganza

30 Mayo 2026 at 05:01

México, y particularmente Sinaloa, han estado sufriendo una serie de crisis y problemas sociopolíticos, frutos de decisiones muy personales de los gobernantes que han incidido en la vida y en el futuro de los ciudadanos, sus familias y sus organizaciones; muchas de esas decisiones han estado inspiradas, en forma muy negativa por las intenciones de vengar agravios, reales, supuestos o inventados, que han llevado del ámbito personal e ideológico a niveles de política nacional y hasta familiar.

Sin pretender remontarse a otros actos de años atrás, en los que también se habla de otras venganzas, véanse las actitudes de Andrés Manuel López Obrador cuando fue derrotado por Felipe Calderón Hinojosa en las elecciones de 2006 a la Presidencia de la República, después de lo cual inició un constante proceso de venganza personal contra el Gobierno, contra los órganos electorales, contra el PAN, la prensa y todo aquel que apoyara al régimen que él consideraba “espurio”. Denostó al Presidente y sus políticas hostigándolo con marchas, protestas, toma de calles, carreteras y edificios públicos y festinó constantemente el combate a la delincuencia organizada ordenada por el Presidente Calderón, principalmente en Michoacán, argumentando que la aprehensión de los líderes de los grupos delictivos todo lo que ocasionaba era “dar golpes al avispero” pues salían muchos otros jefes igual de peligrosos.

En 2012, el PRI recobró el gobierno nacional con el Presidente Enrique Peña Nieto, quien tuvo colaboradores muy señalados de corrupción, con políticas deficientes y sin decidirse a continuar la lucha contra la delincuencia organizada que empezaba a integrarse en grupos con mucho poder en armas, dinero y gente, y que además se infiltró en los ámbitos de su gobierno, por lo que se supone acordó protección con AMLO a cambio de no obstruir su elección.

López Obrador tuvo su momento en la elección de 2018 cuando ganó la Presidencia de la República y a partir de ahí llegó también su oportunidad de “satisfacer su necesidad de vengarse”, utilizando toda la fuerza del Gobierno, pues pudo controlar al Poder Legislativo y destruyó los organismos ciudadanos independientes, además, con ciertos acuerdos, utilizó a su favor el “poder de los narcotraficantes” a quienes les dio “manga ancha” para que actuaran dentro y hacia afuera del país. Con su política de “abrazos no balazos” los protegió y aprovechó electoralmente los recursos para favorecer a su partido Morena, a sus colaboradores y familiares; favoreció también a los narcotraficantes “enviando” miles de migrantes de otros países a la frontera con EU, facilitándoles los procedimientos aduaneros y militares, sin percatarse, o tal vez a sabiendas, de que estaba ocasionando un problema mayor para México con una reacción de Estados Unidos, como así ocurrió.

AMLO “se vengó” de todo y de todos, “desbarató” al INE y al TRIFE, logró el control total del Congreso, destruyó al Poder Judicial porque no acataba sus “disposiciones presidenciales”, militarizó al País otorgando al Ejército obra pública, las aduanas, los puertos, los aeropuertos, etc., utilizando mandos y soldados que le sobraban, pues el combate a los delincuentes no se estaba llevando a cabo; además “logró” el apoyo popular para él y su partido con el reparto indiscriminado de recursos públicos a la población, a costa de un debilitamiento de la educación, de la salud y de la economía en general, pues la inversión privada, nacional y extranjera no llega y no crea empleos ante la inseguridad y el desorden.

Esta crisis de venganza tuvo su clímax con la traición perpetrada entre los grupos de delincuentes cuando el grupo de “El Chapo” Guzmán y familia traicionaron al capo mayor, “El Mayo” Zambada, a quien secuestraron y entregaron a las autoridades de EU a cambio de protección y perdón, iniciando así un largo periodo de venganzas que han costado miles de muertes, desaparecidos, heridos y aprehendidos, lo que todavía se resiente en todo Sinaloa y en todo México, en lo que quedó involucrado el Gobierno del Estado.

La Presidenta Sheinbaum ha continuado con esas políticas “vengativas”; sigue el acoso contra la Iniciativa Privada, contra la prensa y la Oposición, contra Estados Unidos por lo de Cuba y Venezuela, contra España y contra Hernán Cortez “para vengar a Cuauhtémoc”; aunque se han encontrado con “la horma de su zapato” con EU y el Presidente Trump, quien también tiene agravios que vengar contra estos gobiernos de Morena.

Son pues, tiempos de venganza.

Se buscan líderes

23 Mayo 2026 at 05:02

Es común, en las reuniones de los grupos sociopolíticos y aún en las de económicos, que, al discutirse sobre los problemas locales y nacionales, se haga la pregunta toral sobre ¿qué líder se tiene o se pudiera tener, que quiera y sepa enfrentar el cúmulo de riesgos a los que se enfrenta el País o el Estado? La conclusión más pesimista es la de que no se tiene un líder reconocido que encabece un movimiento político y social que pudiera lograr el cambio que se necesita; pero otras opiniones sostienen que sí los hay, principalmente en el ámbito empresarial, aunque los nombres que se mencionan no convencen a la mayoría, y al analizar los liderazgos políticos de los partidos, tampoco aparece alguno con suficiente aceptación.

Como el conjunto de problemas nacionales sólo se han estado difiriendo por la Presidenta Sheinbaum, habría que enfocarse en la búsqueda de liderazgos estatales, dispuestos a enfrentar, por lo menos localmente, la inseguridad, la falta de empleos, el desorden en los servicios públicos, el deterioro del clima, una educación en constante retroceso, los problemas de salud, etc., razones que llevan a considerar no la búsqueda de un líder, sino la búsqueda de varios líderes, de una pléyade de líderes, regulares, buenos y mejores, que tendrán que ser muy valientes para enfrentar no sólo a un gobierno amenazante dispuesto a conservar el poder a toda costa, sino también a enfrentar a los cárteles y grupos delincuenciales que, gracias a la política de “abrazos no balazos”, crecieron y se apoderaron de territorios, pueblos, economía y control con las armas y el dinero del narcotráfico.

Se requieren varios líderes, ya sea para encabezar a los partidos políticos, o para que acepten ser candidatos a Gobernador, presidentes municipales, diputados locales y diputados federales, que sean o no políticos, empresarios o dirigentes sociales; profesionistas, comerciantes, artistas y deportistas; jóvenes, de mediana edad, adultos mayores y hasta de más edad; no necesariamente ricos, pero sí que convenzan a quienes tienen con qué, pero no quieren correr riesgos; ¿es tiempo de alguien muy combativo o muy conciliador?, más bien a alguien que sepa qué batallas enfrentar y cuáles evadir.

Como dicen Michel Porter, en sus libros sobre Ventajas y Estrategia Competitiva, y Al Rics y Jack Trout, en La Guerra de la Mercadotecnia, hay cuatro formas de pelear una guerra de mercadotecnia (o una campaña electoral) y son: La defensiva, la ofensiva, el flanqueo y la guerra de guerrillas; sostienen que realmente sólo el líder tiene la opción de jugar a la defensiva y lo que los demás deben hacer es no permitirle que pase a la ofensiva; en este caso, Morena estará a la defensiva en la mayoría de los estados y moverá todos sus recursos legales, extralegales y también los ilegales.

En una guerra a la ofensiva se requiere concentrarse en un solo punto, buscando las debilidades del enemigo, olvidarse de atacar en todo el frente y menos en donde el líder es más fuerte, por ejemplo, olvidarse de atacar sobre el reparto de recursos a la población.

El flanqueo es otra táctica, buscando elementos de novedad y exclusividad, ser sorpresivos, reforzando ahí donde se empieza a tener éxito y abandonando donde hay resistencia.

En la “guerra de guerrillas” (táctica que por cierto los delincuentes han estado jugando contra el Ejército Mexicano), como decía Mao Tse Tung: “si el enemigo avanza, nosotros retrocedemos; si el enemigo acampa, nosotros merodeamos; si el enemigo se cansa, nosotros atacamos y si el enemigo retrocede, nosotros perseguimos”; en una guerrilla no hay que actuar nunca como el líder y retirarse apresuradamente si se requiere. Según los autores, “de cada 100 compañías, una debe jugar a la defensiva, dos a la ofensiva, tres deben flanquear y 94 deben ser guerrilleras”.

Se requieren líderes que atiendan a estas circunstancias, que sigan una estrategia, que ayuden a eliminar inseguridades, miedos y confusiones, que den buen ejemplo a sus seguidores, porque “el reto de los líderes de este siglo es poder guiar, dirigir e interactuar con gente más preparada, más informada y más exigente” y su éxito en una campaña o en el gobierno “será proporcional a su capacidad de administrar los talentos de su equipo”.

Se buscan líderes que impulsen a más líderes, no sólo seguidores; líderes que mañana tomen la batuta y continúen la tarea.

En resumen, se buscan “líderes de la luz que contrarresten a los líderes de la oscuridad, de la indiferencia, la anarquía y la ilegalidad”, porque hay que estar seguros que los buenos son más que los malos.

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