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Gilda Lozoya obtiene suspensión definitiva contra vinculación a proceso

12 Agosto 2026 at 13:58

Por Redacción

El juez federal Rubén Darío Noguera Gregoire, titular del Juzgado Octavo de Distrito en Materia Penal de la Ciudad de México, concedió la suspensión definitiva a Gilda Lozoya Austin contra la vinculación a proceso dictada en su contra por el caso Agronitrogenados.

La hermana de Emilio Lozoya promovió un amparo contra el auto del pasado 7 de julio, mediante el cual fue vinculada a proceso dentro de la causa penal 211/2019.

La Fiscalía General de la República (FGR) la acusa de transferir recursos del extranjero a México con el propósito de ocultar su origen. La investigación involucra aproximadamente 3.5 millones de dólares depositados en una cuenta de Tochos Holding Limited, relacionada con la compra de una residencia en Lomas de Bezares.

La suspensión definitiva se suma al otro amparo promovido por Lozoya Austin contra la presunta difusión de fotografías y videos de su detención en el AICM, al considerar que se vulneraron sus derechos, privacidad y presunción de inocencia.

Aquellos “alucines” de Ferreria y un servidor

9 Agosto 2026 at 20:23

Por Pedro “Chory” Carmona

Corría el año de 1990 cuando, en pleno diálogo con Enrique Ferreira en la ciudad de Guadalajara y a punto de terminar ambos la carrera de directores técnicos de fútbol, en la escuela que dirigía Diego Mercado, comentábamos que fuimos los primeros de Hermosillo en buscar un carnet para dirigir equipos profesionales de soccer. No es que fuéramos «muy buenos», pero aventarnos a estudiar fútbol fuera de nuestra ciudad no era nada fácil.

Teníamos la ilusión de que algún día podríamos dirigir algún equipo de ascenso en Hermosillo, ya que, tarde o temprano, el fútbol profesional llegaría a esta ciudad. Alucinábamos con que empresarios hermosillenses, como los Tonella, Gutiérrez o Camou, pudieran entrarle al quite para que la capital de Sonora no solo tuviera béisbol.

La verdad es que Ferreira y un servidor veíamos una oportunidad de desarrollo: crecer como profes en preparación física, técnica y estrategia de este deporte, y poner en práctica lo que habíamos aprendido en nuestra tierra. Éramos conscientes del talento que existía, pues ya se habían exportado jugadores surgidos de los polvorosos campos locales, como el «Fena» Bernal, Aarón Gamal, el «Súper» Ramírez, Martín «Pigüi» Estrella y hasta un servidor, que habíamos estado en el Atlas de Guadalajara. Nos dimos cuenta de que muchos de nuestros compañeros de la Selección Sonora podían haber llegado a algún equipo profesional; solo faltaba «pulirlos». Practicábamos un fútbol «en greña», pero efectivo en muchas ocasiones. El talento ahí estaba: Salim Gataz, «Jícama» Acuña, «El Chayel», Meño Muñoz, Chacho, el «Buy», Rogelio González, Mario Ríos, Carlingas Labandera, Guerra, el «Gallina» Peralta, Germán Moreno, el Pito Gaytán y el «Pico Chulo», por mencionar solo algunos.

Con el tiempo, en Hermosillo se hicieron grandes esfuerzos por tener una franquicia de Tercera División Promocional y nacieron los Seris y los Soles. Pequeños empresarios futboleros le metieron alma, corazón y bofe; por supuesto, también dinero, de acuerdo con sus posibilidades. Sin embargo, la falta de apoyo oficial, la inexperiencia y, súmele, los vivales de la FMF en la rama de la Tercera División —que, como siempre, nunca pierden— dieron al traste con el proyecto.

Más adelante llegaron algunas promociones con equipos de Primera División que disputaron partidos amistosos en el estadio Héroe de Nacozari. Vinieron Chivas, Pumas, Irapuato e incluso la Selección Mexicana de Bora Milutinović. Durante el sexenio de Manlio Fabio Beltrones se anunció que Hermosillo sería la nueva casa del Puebla, de Emilio Maurer. Beltrones emocionó a la afición; sin embargo, Maurer traía serios problemas con la Federación Mexicana de Fútbol y el equipo nunca se quedó. Al final de cuentas, Maurer terminó pisando la cárcel. ¿El motivo? Solo ellos se entienden.

En la era «moderna», la empresa Megacable vio que nuestra ciudad era factible para tener un equipo de ascenso y trajo a los Académicos, filial del Atlas, a los que llamaron Coyotes de Sonora. Recuerdo a su presidente, Juan Íñigo. Era un equipo modesto, pero que practicaba buen fútbol bajo la dirección técnica de Jorge Humberto «Negro» Torres, quien fuera nuestro compañero de equipo en Guadalajara. Tuvieron éxito: llegaron a meter 13 mil personas con boleto pagado. La raza se metió al juego y el equipo calificó a las finales, pero fue eliminado en Querétaro. Entonces el gozo se vino al pozo. Diferencias con la directiva provocaron que Megacable dejara el proyecto y el equipo nunca volvió.

Antes de ellos ya habían estado los Gallos Blancos, que también alborotaron el «gallinero», dirigidos por el «Charal» Domínguez, dándole la oportunidad de jugar al hermosillense Beto Ocejo. Sin embargo, también se los llevaron a la tierra de La Corregidora.

El tiempo no se detiene. En el año 2012 reaparece Enrique Ferreira. Sí, ese que fue mi compañero en la carrera de director técnico; aquel con quien había platicado como estudiante a principios de los noventa. Él, con un camino recorrido dirigiendo con éxito a las Selecciones Sonora, se presentó con un equipo de Tercera División: los Rayos del Poblado Miguel Alemán, a quienes llevó a ser bicampeones nacionales. Primero consiguió el ascenso y posteriormente los convirtió en campeones de la categoría de filiales de equipos de Primera División, lo cual no era cualquier cosa.

Invité al «Súper» Ramírez a ir a verlos jugar a la calle 12. Ahí le llamaron la atención tres jugadores. Uno de ellos era César Montes, cuya historia ya todos conocen; otro era el goleador Rai Villa, quien también hizo carrera en el fútbol profesional; y el tercero era el «Argentino», como él bautizó a Willy Salazar, un mediocampista fino, aunque al final no le alcanzó para consolidarse.

Ese equipo se convirtió en lo que hasta hace poco fueron los Cimarrones de Sonora. Con el tiempo fue adquirido por don Saúl Rojo, un empresario local serio. Anteriormente habían pasado otros empresarios de la localidad, como Félix Tonella e incluso Servando Carvajal, quien se anunció como propietario y hoy se encuentra recluido en un penal de Nayarit, acusado de fraude. Cimarrones fue de más a menos. En resumidas cuentas, el proyecto no resultó el negocio que sus dueños imaginaron.

 

Cien años de la Guerra Cristera

7 Agosto 2026 at 06:28

Editorial

Un comunicado de la ACJM de Guadalajara nos recuerda que “El día 31 de julio de 1926, el culto público fue suspendido en toda la nación, de acuerdo con la orden dada por el episcopado mejicano en su Segunda Carta Pastoral Colectiva. En los días anteriores a tan drástica medida, el pueblo fiel se volcó en los templos. Miles de matrimonios, bautizos y confirmaciones fueron hechas en todos los rincones de la República. El cumplimiento de tales disposiciones dio origen a que los católicos defendieran sus templos cuando los agentes del Gobierno se presentaron a posesionarse de ellos el mismo 31 de julio, lo que ocasionó los primeros atentados y choques armados en distintos lugares del país: Puebla, Pue., Torreón, Coah., Guadalajara, Jal., y Sahuayo, Mich”.

Así inició la llamada Guerra Cristera, en donde miles de mexicanos murieron en defensa de sus creencias religiosas. Una etapa que por muchos años ha sido ocultada por el cinismo del sistema oficial en sus diferentes manifestaciones. Una etapa que debe de llenar de vergüenza al gobierno, porque fue una real represión al pueblo católico mexicano. Esto no aparece en los libros de texto, en donde cínicamente destacan otras acciones represivas como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o la masacre de Tlatelolco, donde murieron cientos de estudiantes. Sin embargo, guardan silencio ante los miles –porque eso fueron, miles– de asesinatos en católicos que defendieron su fe y creencias. 

Se cumplen ya 100 años del inicio de la Guerra Cristera (1926-2029), un conflicto armado en México provocado por las medidas anticlericales del presidente Plutarco Elías Calles y la entrada en vigor de la llamada «Ley Calles» el 31 de julio de 1926, lo que desató la suspensión del culto público y una profunda confrontación social. De acuerdo a las crónicas hay que recordar que todo inició cuando la Constitución de 1917 estableció restricciones a las iglesias y prohibió la participación política del clero. Luego llegó la llamada Ley Calles (1926), que reformó el Código Penal para limitar el número de sacerdotes y prohibir la educación y vestimenta religiosa pública. En respuesta a la agresión del gobierno, el clero decretó una suspensión de cultos y el 31 de julio de 1926, los obispos cerraron los templos y detuvieron los servicios religiosos visibles como protesta. 

Tras estas agresiones a la Iglesia Católica vino la resistencia armada. Campesinos y civiles católicos formaron el bando de los «cristeros» para defender su fe en estados como Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Colima. Las mujeres organizaron redes de apoyo logístico, aprovisionamiento y defensa de los espacios de culto clandestinos. El conflicto dejó decenas de miles de víctimas y combatientes caídos a lo largo de tres años de lucha. Después de años de violencia y cruel represión del gobierno de Elías Calles, el 21 de junio de 1929 se firmó un acuerdo entre la jerarquía católica y el gobierno de Emilio Portes Gil que permitió reabrir los templos bajo un nuevo entendimiento legal. En Sonora el conflicto religioso no terminó porque en 1931 llegó a la gubernatura Rodolfo Elías Calles, quien continuó con acciones represivas contra católicos.

Por muchos años esta parte de la historia de México trató de ocultarse. Cínicamente los gobiernos no tocaban el tema. Oficialmente la guerra cristera no aparecía en la historia de México. Terminaba la Revolución y de ahí se pasaba en los libros de texto al llamado México Moderno. Y así se archivó esta parte de la historia. Los gobiernos del PRI decidieron no tocar el tema porque, a querer o no, fueron cómplices de los crímenes contra el pueblo católico dado de que su fundador fue Plutarco Elías Calles. Con la llegada de la izquierda de Lázaro Cárdenas se trató de arreglar el conflicto, pero se archivó para efectos oficiales de la historia oficial. Y así siguió. Incluso cuando llegó el PAN a la presidencia tampoco se puso el tema en los textos oficiales. Para el gobierno mexicano se puede decir que la guerra cristera solo fue una anécdota, y con ello se buscó que la sociedad ignore el sacrificio de miles de mártires por su fe. 

Pero la Iglesia y la sociedad católica ahora buscan recordar el holocausto católico, a cien años del inicio de la guerra cristera. En un mensaje publicado en el Semanario Desde la Fe, de la Arquidiócesis de la Ciudad de México, los obispos aclaran que la Iglesia en México no conmemora una guerra ni exalta la violencia, sino que recuerda tres realidades fundamentales que dejó ese cruento episodio:

 

“Queremos decirlo con toda claridad, para que nadie se equivoque ni instrumentalice nuestra palabra. No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia, de dondequiera que haya venido. No convocamos a la revancha, no alimentamos el resentimiento y no ponemos esta memoria al servicio de ningún proyecto político ni partidista”.

 

Pero sí es importante rescatar esa parte de la historia de México que han mantenido oculta por muchos años. Así como piden justicia para los caídos del 68 y los desaparecidos de Ayotzinapa, más justo es reconocer el heroísmo de miles de mexicanos que dieron su vida por su fe. Es momento de rescatar su memoria y que por fin haya monumentos a su sacrificio. Es tiempo de que se haga justicia y les den un lugar en la historia.

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