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Por bloqueos en carreteras del sur, cancela Sectur arranque de ‘Enamórate de Sinaloa’

2 Marzo 2026 at 15:10

Vestidos y alborotados se quedaron casi 30 personas que habían decidido viajar para disfrutar de los festejos del Carnaval del Pueblo Mágico del Rosario, pero que ante los recientes hechos delictivos entre Escuinapa, Rosario y Villa Unión de Mazatlán, la Secretaria de Turismo Estatal decidió suspender por estar en riesgo la movilidad de las unidades que el Programa “Enamórate de Sinaloa” patrocina para reactivar el viaje en Sinaloa, decisión que les fue notificada.

Genocidio católico en Nigeria

21 Febrero 2026 at 08:15

Por Ing. Fernando Gallardo Ybarra

La piragua flotaba como queriendo pasar desapercibida. Veía a los pasajeros contener el aliento, mientras el padre Shanahan desgranaba las cuentas del rosario. El esplendor del Níger pasaba a nuestro alrededor cuando el guía advirtió que una canoa de esclavos se aproximaba.

Era el año 1902; habían pasado solo dos años de la ordenación del espiritano (gentilicio dado a quienes pertenecen a la Congregación del Espíritu Santo) Joseph Shanahan en Dublín, y ya se encontraba camino a su obra misional en Onitsha, Nigeria. La canoa era enorme; rozó nuestra piragua y pudimos ver, bajo cubierta, a decenas de aterrorizados pobladores de esa región de África, hacinados en bodegas, con grilletes en sus tobillos. ¿Su destino? El mercado de esclavos de Badagry.

Transitar por el río en esos tiempos era especialmente peligroso. Esa región era conocida mundialmente como el “cementerio de los blancos”, por el alto índice de mortandad debido a enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla. Y el peligro se había multiplicado porque, tras una sangrienta guerra, los británicos habían desmantelado la Confederación Aro, una unión política y económica derivada de la etnia igbo, que había monopolizado el infame comercio de esclavos en los reinos subsaharianos por más de dos siglos.

Llegamos al pueblo de Onitsha. Podía ver el aura del padre. Esa aura ya la había visto antes; la había visto en las catacumbas durante el Imperio romano; la había visto en las Indias y en el Oriente lejano; la había visto en las Américas y en las estepas rusas. Y cuando la veía, sabía que estaba frente a un apóstol de la fe, y sabía que en las tierras del Níger se abriría un nuevo frente de la batalla metafísica.

Hay distintas formas de ver, analizar y estudiar la historia del mundo y las naciones. Dentro de una visión distorsionada y limitada, hay unos que colocan al poder y a los imperios como el eje central; hay otros que ponen a la economía y a la ciencia; y hay quienes inventaron una supuesta lucha de clases y la colocan como el eje principal. La verdad es que absolutamente todos los hitos y hechos relevantes de la historia están subordinados y supeditados a solo dos grandes acontecimientos, y todo lo que pasa, indefectiblemente, apunta a ellos: el primero ya pasó hace 1996 años en la cima del Gólgota y el segundo, que solo Dios sabe cuándo llegará, lo llamamos parusía.

En ese devenir histórico existe una lucha que muy pocos quieren ver. Una lucha que quedó clara en Quarantania, el monte de la tentación, donde Satanás tentó a Nuestro Señor. Es una batalla metafísica por las almas. Es una guerra que se desarrolla dentro de cada individuo, como el gran Job sabiamente lo dijera, y dentro de cada familia, comunidad, Estado y nación. Es una batalla universal y perenne, y es mi labor andar por el mundo haciendo registro de los eventos donde esta lucha se manifiesta con mayor trascendencia.

En la tarde del día 3 de febrero de 2026, un comando de extremistas islámicos llamados Lacurawa, una facción del grupo terrorista Boko Haram, irrumpió en los pueblos de Woro y Nuku y asesinó a sangre fría a 168 pobladores; 23 eran católicos… Días después, en Karku, los mismos terroristas asesinaron a 3 católicos y secuestraron a 11, entre ellos, a un sacerdote.

En Nigeria está ocurriendo un genocidio de católicos del que pocos hablan. Desde el surgimiento de la secta terrorista islámica yihadista Boko Haram han sido asesinados más de 53 mil católicos: niños, ancianos, mujeres, jóvenes, religiosas y sacerdotes; miles de iglesias y escuelas han sido incineradas, y más de 8 millones de católicos han sido desplazados. Y es que, donde la obra de Cristo empieza a florecer, aparece luego el mal para destruirla.

Ya ha transcurrido más de un siglo desde la llegada de Su Excelencia, el obispo Joseph Shanahan, a Nigeria, y se pueden ver los frutos de la fe, el trabajo persistente y el enorme valor y caridad de los misioneros. Ellos fueron los primeros en defender y cuidar a los pobladores del secuestro y la venta como esclavos, hasta detener esta horrorosa práctica con la bula y condena del Obispo de Roma. Hoy, en el año 2026 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, esta nación es la segunda con mayor población católica de África: más de 35 millones de almas bautizadas. Y es una de las regiones del mundo que más conversiones tiene, mientras que, en lo que queda de los grandes reinos católicos occidentales, hay cada día menos creyentes.

Esta milenaria y perpetua guerra seguirá, porque el odio transformado en ser inmortal nunca dejará de impulsar los gatillos del feroz anticristianismo, así como impulsó a Nerón y Diocleciano en Roma, a los almohades en el al-Ándalus, a los bajás en Armenia y a Lenin y Stalin en Rusia. Seguirá contagiando el odio, el terror y la muerte contra el cuerpo místico conformado por quienes han recibido el bautismo. Nuestro Divino Maestro, con su vida, pasión y muerte, dejó muy clara la senda del católico. E instruyéndonos también con su palabra, nos advertía: «Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo». Marcos 13:13. No. 3

 

*Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas

La entrada Genocidio católico en Nigeria se publicó primero en Primera Plana Digital.

EL PROFETA: Davos y un nuevo orden mundial

8 Febrero 2026 at 14:20

“En lo más secreto de los libros de la vida hay escrita una ley: si miras una cosa novecientas noventa y nueve veces no corres ningún peligro, pero si la miras de nuevo, la vez número mil, entonces corres el espantoso riesgo de verla por primera vez”. 

—G. K. Chesterton

 

Por Fernando Gallardo

Solo observo y analizo para guardar registro; por siglos es la tarea que se me ha encomendado. ¿Bendición la mía? No lo sé. Así estaba escrito: esta es su voluntad y me someto a ella porque ¿cómo podría no ser así, si yo vi al Hijo cargando el peso y la culpa de toda la malicia, perversidad, crueldad y hedonismo de la humanidad? Lo vi desde Getsemaní al Gólgota; lo vi aceptar con su humanidad esa carga, sometiéndose a la voluntad de su Padre; lo vi sacrificarse y sufrir lo indecible por un amor que nuestro lenguaje no puede describir.

Tengo que andar por todos los rincones del mundo y por todos los siglos hasta la parusía. Me pueden ver, escuchar y tocar, pero algo sobrenatural impide que mi presencia guarde registro en la mente de quien interactúa conmigo y en todo artefacto también: una fotografía no captura mi imagen; un aparato de grabación de audio no almacena ningún sonido que produzca. Y si muevo algo, cualquier cosa, esta regresa a la posición original, como si nada hubiera hecho.

Es el año 2026 del nacimiento del Salvador, el año 6786 del nacimiento de nuestro padre Adán. Llevo 3816 años andando por el mundo, pero no soy el judío errante —él sí está maldito y más adelante daré cuenta de su historia—. En uno de los lugares en los que estoy en este momento se está llevando a cabo una reunión de jefes de Estado y propietarios de fortunas gigantescas. En otro lugar en el que también estoy, pobladores de Minnesota protestan por el trato brutal del personal responsable de controlar la migración ilegal, quienes ya mataron a dos pobladores a sangre fría. ¿Qué puedo decir? He visto tantas armas arrancando la vida de millones y millones de personas… Ojalá pudieran entender, pero esto no va a pasar.

Corre el mes de enero del calendario gregoriano. En la reunión hay mucho alboroto derivado de un discurso emitido por el actual jefe del pueblo canadiense —creo que nunca podré acostumbrarme a eso de los países, presidentes y primeros ministros—. Se llama Mark: un sujeto educado que tuvo la bendición de nacer en una familia, lugar y tiempo con beneficios y satisfactores que tan solo un pequeño porcentaje de las más de 107 mil millones de personas nacidas en toda la historia pudo disfrutar. Incluso tuvo la oportunidad de abrevar sus altos estudios en Harvard y Oxford, dos de los institutos donde confluyen los hijos de las élites de los pueblos anglicanos y puritanos.

¿Y qué con el discurso? Que lo he escuchado tantas veces como generaciones, naciones y pueblos ha habido. Y es que en el poder es más común encontrarse con estercoleros morales llenos de muerte, corrupción y demagogia que con paisajes de virtud colmados de vida, armonía y transparencia. Yo vi al Sr. Mark Carney: él fue operador y promotor del modelo político y económico que causó los males de los que ahora se queja en el discurso. Modelo político y económico con el que se amasaron fortunas personales más grandes que economías de naciones completas, a costa del sacrificio, sufrimiento, trabajo y vida de millones de seres humanos en toda latitud. Ahora, de forma hipócrita y oportunista, rompen con el viejo orden que ese mismo grupo promovió. Carney actúa como vocero del poder económico internacional y ahora invita a los pueblos más desafortunados a construir otro nuevo orden. El mundo lo escuchó decir: “…construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”. Y es aquí donde la demagogia se vuelve protagonista. Aquí es donde los eventos se repiten.

Al viejo orden lo antecedió otro orden y antes hubo otro; y en cada cambio de orden salió un vocero del poder en turno, en algún foro donde se juntan las élites, a dictar, en esencia, el mismo discurso: romper con el viejo orden para instalar uno nuevo. A la distancia puede verse como un juego, y en el fondo sí lo es: un juego perverso donde los únicos beneficiados son las élites que se reúnen en esos eventos. Yo he estado ahí; he escuchado los cuchicheos jactanciosos en los que se reparten el fruto del trabajo y la vida de quienes se supone deberían cuidar. No les importa nada más que el poder, el dinero, el placer y la fama.

Los pecados capitales de Luzbel perviven y traspasan los siglos para pervertir a quienes tienen la responsabilidad de guiar y cuidar a sus pueblos; así como a Nerón en Roma, Yang de Sui en China, Ahuízotl en Mesoamérica o Stalin en Rusia. Para aquellos jefes de los pueblos actuales, invadidos por la soberbia, la envidia y la ira, las personas son solo súbditos: un número, un registro estadístico, un costo y, sobre todo, el combustible que se quema para mover la maquinaria que sostiene los feudos de las élites.

Mientras en Davos se difunde el nuevo engaño, el nuevo enemigo a vencer, el nuevo orden mundial a seguir para que la maquinaria continúe trabajando a su favor, en otros lugares una madre ayuda a sus pequeños con las tareas de la escuela; un joven se cultiva con un buen libro; un pequeño empresario motiva a su equipo a crecer; un padre de familia termina satisfactoriamente su jornada de trabajo; un sacerdote oficia una misa, y una abuela reza un rosario por el alma de sus nietos.

¿Mi identidad…? Eso luego lo veremos… A seguir mi andar por el mundo. A seguir observando y escuchando para guardar cuidadoso registro de los eventos más importantes de la batalla metafísica; que si miras de nuevo, la número mil, la verás entonces con toda claridad. No. 1

*Ing. Fernando Gallardo Ybarra

Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas

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