Semarnat batea el “Santuario del Tío Checo” pero activistas alertan: es un distractor
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha desechado oficialmente el polémico proyecto turístico-inmobiliario “Santuario del Tío Checo”, ubicado en la zona de Cabo del Este, en el municipio de Los Cabos. Aunque la resolución administrativa representa un freno legal a las intenciones de los desarrolladores en el corto plazo, el Frente Ciudadano en Defensa del Agua y la Vida (Freciadav) ha lanzado una advertencia clara: no se debe cantar victoria, pues consideran que este proyecto fue solo una “cortina de humo”.
¿Qué hay detrás de esta decisión? Para los activistas y defensores del territorio en Baja California Sur, el descarte del Santuario del Tío Checo podría ser una estrategia de distracción para desviar la atención de intereses más profundos en la zona. La exigencia ciudadana ha subido de tono, escalando ahora a una demanda directa al Gobierno de México: la expropiación inmediata del predio conocido como “Nuestra Señora del Rosario”, para garantizar su protección permanente.
La lucha por la tenencia de la tierra y la preservación ecológica en esta región no es nueva. Los opositores argumentan que mientras el predio permanezca en manos privadas con fines especulativos, el riesgo de nuevos proyectos que atenten contra el equilibrio hídrico y la biodiversidad de Los Cabos seguirá latente. La desconfianza hacia las autoridades ambientales persiste, ya que en el pasado, proyectos rechazados han regresado con nuevos nombres o modificaciones menores en su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA).
El enfoque de la resistencia civil se ha trasladado al predio Nuestra Señora del Rosario, una zona que los ambientalistas consideran estratégica para la recarga de acuíferos y la conservación del paisaje natural sudcaliforniano. Históricamente, la presión inmobiliaria en Baja California Sur ha intentado fragmentar estas grandes extensiones de tierra para desarrollos de ultra lujo, lo que ha generado un desplazamiento de las comunidades locales y una privatización de facto de los accesos a la zona federal marítimo-terrestre.
Estadísticas de organismos civiles indican que la zona de Cabo del Este es una de las más asediadas por el capital extranjero y nacional. La exigencia de expropiación se fundamenta en la “utilidad pública”, un concepto legal que permitiría al Estado mexicano tomar control del terreno para convertirlo en una zona de salvaguarda ecológica, evitando así que el fantasma del Tío Checo o cualquier otro desarrollo similar regrese a amenazar el ecosistema.
Mientras la Semarnat archiva el expediente actual, la comunidad de La Paz y Los Cabos se mantiene en alerta máxima. El llamado es a no bajar la guardia ante las instituciones federales, pues la historia de BCS está marcada por victorias temporales que terminan en entregas territoriales años después. La verdadera protección, aseguran, vendrá de un decreto que saque estas tierras del mercado inmobiliario de forma definitiva.
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