Vista de Lectura

Cuando explicar también sana

Abril Escobosa y la valentía de ponerle palabras al miedo

 

Por Guillermo Moreno Ríos

Hay historias que llaman la atención por lo que una persona consigue, y otras por lo que decide hacer con lo que sabe. Ésta es la historia de Abril Escobosa, originaria de Hermosillo y formada en Biología Molecular y Celular, con especialización en Educación, en la Universidad de California, Berkeley. 

Pudo concentrar su camino en la ciencia, pero decidió mirar hacia un momento que suele quedar fuera de los grandes discursos de salud: cuando un niño escucha por primera vez el nombre de una enfermedad que no comprende. Así nace La Enciclopedia de mi Primer Diagnóstico, una propuesta que reconoce que detrás de un diagnóstico de leucemia, diabetes, epilepsia, fibrosis quística o distrofia muscular de Duchenne, también existe una dimensión emocional: miedo, incertidumbre y la necesidad de entender qué está pasando.

Los adultos solemos pensar que proteger a un niño significa evitarle información dolorosa. Abril plantea algo diferente: proteger también puede significar explicar. Su proyecto parte de una idea sencilla: comprender disminuye el miedo ante lo desconocido. 

Y aquí encuentro una coincidencia profunda con algo que he defendido durante años desde la protección civil y la gestión del riesgo: quien comprende lo que está ocurriendo está mejor preparado para enfrentarlo. Eso aplica ante un incendio, un desastre, una emergencia y también ante una enfermedad; porque prevenir no es solamente evitar que ocurra una tragedia, sino preparar a las personas para enfrentarla con mayor conocimiento, serenidad y capacidad de respuesta.

La ciencia traducida al idioma de un niño

Lo fascinante de esta enciclopedia no es solamente lo que explica, sino cómo decide explicarlo. Abril no pretende convertir a los niños en pequeños médicos, sino transformar conceptos complejos en historias que puedan comprender. Títulos como Lo Más Colorido Sobre la Leucemia, Lo Más Dulce Sobre la Diabetes, Lo Más Eléctrico Sobre la Epilepsia, Lo Más Fuerte Sobre la Distrofia Muscular de Duchenne y Lo Más Pegajoso Sobre la Fibrosis Quística muestran una manera distinta de acercarse a la enfermedad. La célula, el órgano, el tratamiento y el funcionamiento del cuerpo dejan de ser conceptos exclusivamente médicos para convertirse en elementos que un niño puede imaginar, relacionar y preguntar. 

Y eso no es sencillo: explicar lo complejo sin deformarlo requiere dominarlo; hacerlo sin infantilizarlo requiere entender cómo aprende y cómo procesa el miedo. Ahí es donde la formación de Abril cobra especial sentido: ciencia y educación se convierten en las dos partes de un mismo proyecto.

Pero quizá sería un error mirar esta iniciativa solamente como un proyecto editorial. Los libros son el vehículo; el verdadero proyecto es acompañar. La misión de Abril puede resumirse en una frase poderosa: que ningún niño y su familia pasen solos por su diagnóstico. Así, cada libro ES una herramienta para que un padre converse con su hijo, para que un profesional explique y para que un niño pueda preguntar qué está pasando. Sobre todo, puede devolverle algo que el miedo suele quitarle a cualquier paciente: la sensación de comprender y tener cierto control sobre lo que está viviendo.

La Enciclopedia no sustituye al médico ni al tratamiento, ni pretende hacerlo; complementa algo que también forma parte de la atención: la comunicación humana. Y aquí encuentro una poderosa expresión de la resiliencia, un concepto que he defendido durante años desde la prevención y la gestión del riesgo: no se trata solamente de resistir, sino de contar con herramientas para comprender, adaptarse y seguir adelante. Cuando un niño entiende qué está pasando dentro de su cuerpo, disminuye la incertidumbre y, con ella, parte del miedo. No significa que deje de sentirlo ni que un libro cure una enfermedad; significa algo más humano: que deja de enfrentarse a lo desconocido completamente solo. Y eso también es atención, prevención y resiliencia.

Explicar también puede ser una forma de cuidar

Cuando Abril dio su primera conferencia confesó que estaba nerviosa, pero al comenzar a hablar recordó por qué había iniciado este proyecto. Detrás de Berkeley, la biología molecular, las ilustraciones y los libros hay algo mucho más sencillo: una joven que decidió que ningún niño debería sentirse solo frente a una enfermedad que no entiende. Y eso merece ser reconocido e impulsado, porque hospitales, universidades, escuelas, pediatras y familias pueden encontrar en esta iniciativa una herramienta para abrir conversaciones difíciles y hacer más humano el proceso de enfrentar una enfermedad. 

Desde mi perspectiva, ahí está el verdadero valor de Abril Escobosa: no solamente está estudiando ciencia, está aprendiendo a convertirla en servicio, y cuando el conocimiento se convierte en una herramienta para disminuir el miedo de alguien más, la ciencia adquiere su dimensión más humana.

Porque algunas veces la primera medicina que necesita un niño no es una pastilla, sino que alguien se siente a su lado, le hable con la verdad que puede comprender y le diga: “Vamos a entender esto juntos.” Y quizá ésa sea la mayor lección de Abril: que explicar también puede ser una forma de cuidar.

Inicio

  •  

Sheinbaum se lleva la lectura a las escuelas: irá personalmente a compartir libros con estudiantes

Por Mafe González

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que participará personalmente en jornadas de lectura con estudiantes como parte de una nueva estrategia federal para fortalecer el vínculo con niñas, niños y jóvenes.

Durante la conferencia matutina, la mandataria explicó que acudirá a escuelas para leer y compartir textos con los alumnos, inicialmente de manera periódica, como parte del programa “ABC de las emociones”, que comenzará en tercero de secundaria y educación media superior.

La propuesta contempla que una vez por semana exista un espacio en las aulas para leer y conversar sobre emociones, autocontrol, convivencia y los desafíos que enfrentan los jóvenes en su vida cotidiana.

 

“Voy a ir a leer los lunes, quizá no todos, pero sí una vez al mes”, señaló la presidenta.

 

El titular de la SEP, Mario Delgado, informó que niñas, niños y adolescentes reciben en promedio 237 notificaciones diarias, equivalente a una interrupción aproximadamente cada cuatro minutos. Cerca del 23% ocurre durante el horario escolar.

Por su parte, la pedagoga de la UNAM, Yareni Annalie Domínguez Delgado, advirtió que la exposición constante a contenidos inmediatos favorece una “hiperatención” rápida y superficial, desplazando procesos como la reflexión y el pensamiento crítico.

Pero el planteamiento presidencial va más allá de limitar el uso del celular: busca volver a colocar la lectura y la conversación cara a cara dentro de la rutina escolar.

 

  •  

Cien años de la Guerra Cristera

Editorial

Un comunicado de la ACJM de Guadalajara nos recuerda que “El día 31 de julio de 1926, el culto público fue suspendido en toda la nación, de acuerdo con la orden dada por el episcopado mejicano en su Segunda Carta Pastoral Colectiva. En los días anteriores a tan drástica medida, el pueblo fiel se volcó en los templos. Miles de matrimonios, bautizos y confirmaciones fueron hechas en todos los rincones de la República. El cumplimiento de tales disposiciones dio origen a que los católicos defendieran sus templos cuando los agentes del Gobierno se presentaron a posesionarse de ellos el mismo 31 de julio, lo que ocasionó los primeros atentados y choques armados en distintos lugares del país: Puebla, Pue., Torreón, Coah., Guadalajara, Jal., y Sahuayo, Mich”.

Así inició la llamada Guerra Cristera, en donde miles de mexicanos murieron en defensa de sus creencias religiosas. Una etapa que por muchos años ha sido ocultada por el cinismo del sistema oficial en sus diferentes manifestaciones. Una etapa que debe de llenar de vergüenza al gobierno, porque fue una real represión al pueblo católico mexicano. Esto no aparece en los libros de texto, en donde cínicamente destacan otras acciones represivas como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o la masacre de Tlatelolco, donde murieron cientos de estudiantes. Sin embargo, guardan silencio ante los miles –porque eso fueron, miles– de asesinatos en católicos que defendieron su fe y creencias. 

Se cumplen ya 100 años del inicio de la Guerra Cristera (1926-2029), un conflicto armado en México provocado por las medidas anticlericales del presidente Plutarco Elías Calles y la entrada en vigor de la llamada «Ley Calles» el 31 de julio de 1926, lo que desató la suspensión del culto público y una profunda confrontación social. De acuerdo a las crónicas hay que recordar que todo inició cuando la Constitución de 1917 estableció restricciones a las iglesias y prohibió la participación política del clero. Luego llegó la llamada Ley Calles (1926), que reformó el Código Penal para limitar el número de sacerdotes y prohibir la educación y vestimenta religiosa pública. En respuesta a la agresión del gobierno, el clero decretó una suspensión de cultos y el 31 de julio de 1926, los obispos cerraron los templos y detuvieron los servicios religiosos visibles como protesta. 

Tras estas agresiones a la Iglesia Católica vino la resistencia armada. Campesinos y civiles católicos formaron el bando de los «cristeros» para defender su fe en estados como Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Colima. Las mujeres organizaron redes de apoyo logístico, aprovisionamiento y defensa de los espacios de culto clandestinos. El conflicto dejó decenas de miles de víctimas y combatientes caídos a lo largo de tres años de lucha. Después de años de violencia y cruel represión del gobierno de Elías Calles, el 21 de junio de 1929 se firmó un acuerdo entre la jerarquía católica y el gobierno de Emilio Portes Gil que permitió reabrir los templos bajo un nuevo entendimiento legal. En Sonora el conflicto religioso no terminó porque en 1931 llegó a la gubernatura Rodolfo Elías Calles, quien continuó con acciones represivas contra católicos.

Por muchos años esta parte de la historia de México trató de ocultarse. Cínicamente los gobiernos no tocaban el tema. Oficialmente la guerra cristera no aparecía en la historia de México. Terminaba la Revolución y de ahí se pasaba en los libros de texto al llamado México Moderno. Y así se archivó esta parte de la historia. Los gobiernos del PRI decidieron no tocar el tema porque, a querer o no, fueron cómplices de los crímenes contra el pueblo católico dado de que su fundador fue Plutarco Elías Calles. Con la llegada de la izquierda de Lázaro Cárdenas se trató de arreglar el conflicto, pero se archivó para efectos oficiales de la historia oficial. Y así siguió. Incluso cuando llegó el PAN a la presidencia tampoco se puso el tema en los textos oficiales. Para el gobierno mexicano se puede decir que la guerra cristera solo fue una anécdota, y con ello se buscó que la sociedad ignore el sacrificio de miles de mártires por su fe. 

Pero la Iglesia y la sociedad católica ahora buscan recordar el holocausto católico, a cien años del inicio de la guerra cristera. En un mensaje publicado en el Semanario Desde la Fe, de la Arquidiócesis de la Ciudad de México, los obispos aclaran que la Iglesia en México no conmemora una guerra ni exalta la violencia, sino que recuerda tres realidades fundamentales que dejó ese cruento episodio:

 

“Queremos decirlo con toda claridad, para que nadie se equivoque ni instrumentalice nuestra palabra. No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia, de dondequiera que haya venido. No convocamos a la revancha, no alimentamos el resentimiento y no ponemos esta memoria al servicio de ningún proyecto político ni partidista”.

 

Pero sí es importante rescatar esa parte de la historia de México que han mantenido oculta por muchos años. Así como piden justicia para los caídos del 68 y los desaparecidos de Ayotzinapa, más justo es reconocer el heroísmo de miles de mexicanos que dieron su vida por su fe. Es momento de rescatar su memoria y que por fin haya monumentos a su sacrificio. Es tiempo de que se haga justicia y les den un lugar en la historia.

  •  

El fútbol entre: “no me gusta” y “unidos por la alegría de un balón»

Por Héctor Rodríguez Espinoza

En la víspera del juego final del Campeonato Mundial de Futbol 2026, entre las selecciones de España y de Argentina, se me ha ocurrido confrontar su opinión discordante -ambos con sus respectivos seguidores-, el Lic. Armando Fuentes Aguirre ”Catón” (“Motivos por los que no me gusta el fútbol. Mi supina falta de saber en materia de fútbol no me impide observar el cochinero que es la indefendible FIFA”) y Eduardo Galeano («El fútbol es el único idioma que todos hablamos. Durante 90 minutos olvidamos colores, fronteras y problemas. Solo somos uno: hombres y mujeres de todas las edades, unidos por la alegría de un balón».

 

ARMANDO FUENTES AGUIRRE, conocido por su seudónimo “Catón”, es un destacado escritor, periodista y cronista mexicano. Nació el 8 de julio de 1938 (87 años en 2025-2026) en Saltillo, Coahuila, México. Abogado por la Universidad Autónoma de Coahuila (y estudios en la UNAM). Maestro en Lengua y Literatura Española, y en Pedagogía por la Escuela Normal Superior de Coahuila y estudió Periodismo en la Universidad de Indiana (EE.UU.).

Su seudónimo se inspira en figuras romanas como Catón el Viejo. Es uno de los columnistas más leídos de México, con columnas publicadas en más de 150 diarios (destacando Reforma, El Norte, Mural y El Imparcial de Sonora). Columnas principales: “De política y cosas peores” (humor y política bajo seudónimo), “Mirador”, “Manganitas”, “Plaza de Almas” y otras.

Cronista oficial de Saltillo desde la década de 1980. Ha sido director del Ateneo Fuente y de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila. Fundador de Radio Concierto. Docente universitario por décadas (Teoría Política, entre otras materias). Autor de más de 20 libros, entre ellos colecciones históricas como La otra historia de México, obras de humor (Los mil mejores chistes que conozco) y reflexiones como México en mí. Doctorado honoris causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León (2003). Gran Orden de Honor Nacional al Mérito en la Comunicación Social e Historia de México (Academia Mexicana de Ciencias Políticas, entregada en Bellas Artes). Premio Ocho Columnas de Oro (1990) y otros galardones.

Es conocido por su estilo que combina humor sabio, ironía, anécdotas y reflexiones sobre política, historia, cultura y vida cotidiana mexicana. Su sitio web es www.caton.com.mx Sigue activo publicando columnas regularmente.

Escribe: “Muchas veces he confesado, sin arrepentirme y sin pedir absolución, mi unánime ignorancia en materia de fútbol. Todo lo desconozco acerca de ese juego. No lo digo por jactancia, sino por sinceridad. Estoy muy lejos de pertenecer al número de quienes por esnobismo, diletantismo o mimetismo hacen de cada partido una gesta semejante a la guerra de Troya o a la batalla de Waterloo. Detesto la manera en que algunos cronistas -¿todos?- gritan “¡Goooooool!”, después seguramente de tomar aire para prolongar lo más posible el automatizado grito. Encuentro deplorable la conducta de muchos aficionados cuyo homofóbico clamor: “¡Eeeeehh pu…!” sigue desprestigiando a México, y que hacen de sus manifestaciones un caótico tumulto con riesgo hasta de muerte. Me parece ridículo que un partido en el cual han participado 22 jugadores -¿son 22?- se decida a veces por el encuentro entre dos: El infeliz portero sobre quien recae toda la responsabilidad, y el jugador que tira al arco -que no es arco- con el temor de fallar el tiro y convertirse en villano por el resto de su desdichada vida. Mi supina falta de saber en materia de fútbol no me impide observar el cochinero que es la indefendible FIFA, integrada en su mayoría por una caterva de bribones mercaderes del deporte. La crematística creación de Infantino, ésa de la “pausa de hidratación” aun en temperaturas gélidas, y la manera lacayuna en que cedió ante Trump son evidencia de la corrupción reinante en ese deporte, en donde los valores que deben presidir el ejercicio deportivo andan por lo general al nivel de las extremidades inferiores, principal herramienta del soccer. Pido a los aficionados al fútbol desatender estas digresiones, nacidas, ya lo dije, de mi total ignorancia de ese juego. El más violento que en mi vida he practicado es el ajedrez, de modo que mis opiniones en materia de fútbol no son para tomarse en cuenta. Y me temo que lo mismo podrá decirse acerca de mis opiniones en cualquier materia. Rubrico esa declaración haciendo mío el dístico de Ramón López Velarde: “Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo / que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo… FIN”.

 

Eduardo Galeano

 

Eduardo Germán María Hughes Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940 – Montevideo, 13 de abril de 2015) fue un periodista, escritor, novelista y ensayista uruguayo, reconocido internacionalmente como uno de los intelectuales más influyentes de América Latina en el siglo XX y comienzos del XXI. Su obra, profundamente comprometida con la memoria histórica, la denuncia de las injusticias y la defensa de los oprimidos, lo convirtió en un símbolo de la izquierda latinoamericana, aunque su escritura trascendió etiquetas políticas por su calidad literaria y poética.

Nació en una familia de clase media católica montevideana. Su padre, Eduardo Hughes Roosen, era funcionario del Ministerio de Ganadería y propietario de una estancia en Paysandú, con ascendencia italiana y galesa. Su madre, Licia Esther Galeano Muñoz, provenía de una familia uruguaya con raíces que se remontaban al primer presidente del país, Fructuoso Rivera. Del apellido materno tomó el nombre con el que firmaría sus obras.

Desde niño mostró inquietud artística e intelectual. Abandonó tempranamente los estudios formales y comenzó a trabajar en oficios diversos (datilógrafo, pintor de letreros, mensajero). A los 14 años inició su carrera periodística publicando caricaturas políticas en El Sol, semanario del Partido Socialista. Su talento lo llevó rápidamente a posiciones de responsabilidad: a los 21 años ya era director de Marcha, la legendaria revista cultural y política uruguaya que reunía a las principales intelectuales de la izquierda del momento. También dirigió Época.

En 1973, el golpe de Estado en Uruguay cambió drásticamente su vida. Galeano fue detenido y encarcelado. Al salir, se exilió en Argentina, donde fundó la revista Crisis. Sin embargo, el golpe militar argentino de 1976 lo obligó a huir nuevamente, esta vez a España. Durante esos años de exilio escribió algunas de sus obras más importantes. Regresó a Uruguay en 1984, tras el fin de la dictadura, y se incorporó al semanario Brecha, donde colaboró hasta sus últimos días.

Estuvo casado en tres ocasiones. Su última esposa fue la actriz Helena Villagra, con quien compartió gran parte de su vida.

Galeano se definía fundamentalmente como un escritor “obsesionado con la memoria”. Rechazaba la amnesia histórica que, según él, condenaba a América Latina a repetir sus tragedias. Su estilo es inconfundible: prosa poética, breve, cargada de imágenes, ironía y emoción. Combinaba rigor documental con narración literaria, anécdotas y reflexiones personales.

 

Obras fundamentales:

 

“Las venas abiertas de América Latina (1971)”, escrito en apenas tres meses tras cinco años de investigación, es un relato apasionado de cinco siglos de expoliación del continente. Desde la conquista española hasta las intervenciones del siglo XX, Galeano describe cómo los recursos y el trabajo latinoamericano enriquecieron a otros continentes mientras empobrecían a sus pueblos. El libro fue prohibido por varias dictaduras y se convirtió en referencia obligada de los estudios latinoamericanos.

Trilogía Memoria del fuego (1982-1986): Para muchos, su obra cumbre. Compuesta por Los nacimientos (hasta 1700), Las caras y las máscaras (siglos XVIII-XIX) y El siglo del viento (siglo XX). Narra la historia de América a través de viñetas cortas, como un gran mosaico que incluye mitos indígenas, hechos históricos, personajes anónimos y célebres. Es un intento monumental de recuperar la identidad continental.

Otras obras importantes: Días y noches de amor y de guerra (1978) — testimonio autobiográfico del exilio.

El fútbol a sol y sombra (1995) — historia poética y crítica del deporte rey.

El libro de los abrazos (1989).

Espejos (2009) — historias de casi todos.

Los hijos de los días (2013) — un “calendario” de 366 relatos breves.

En sus últimos años Galeano siguió escribiendo y dando conferencias, aunque su salud se deterioró. En 2014 publicó una edición revisada de Las venas abiertas, reconociendo algunos errores de perspectiva económica en la versión original, pero manteniendo su esencia crítica. Falleció el 13 de abril de 2015 en Montevideo, a los 74 años, víctima de un cáncer de pulmón. Su muerte generó un profundo duelo en América Latina; presidentes como Evo Morales lo despidieron como un “maestro de la liberación de los pueblos”.

Galeano dejó más de cuarenta libros traducidos a decenas de idiomas. Su influencia supera el ámbito literario: es citado en ámbitos académicos, políticos y culturales. Representa una forma de hacer literatura comprometida sin perder belleza ni universalidad. Como él mismo dijo: “Soy un escritor obsesionado con recordar, con recordar el pasado de América y sobre todo el de América Latina, tierra íntima condenada a la amnesia”. Su voz sigue vigente en tiempos de desigualdad, extractivismo y debates sobre la memoria histórica. Es, sin duda, uno de los grandes narradores de la identidad latinoamericana.

El fútbol a sol y sombra (1995). Es uno de los libros más bellos y originales escritos sobre el fútbol. No se trata de un tratado técnico ni de una historia cronológica convencional, sino de un homenaje poético y crítico al deporte más popular del mundo, escrito con el estilo inconfundible de Galeano: prosa lírica, viñetas breves, anécdotas, ironía y profunda sensibilidad social.

El libro se organiza en capítulos cortos y temáticos que funcionan como un abecedario o un mosaico: “El jugador”, “El arquero”, “El ídolo”, “El hincha”, “El gol”, “El árbitro”, “El estadio”, “La pelota”, etc. Mezcla definiciones poéticas, retratos de jugadores legendarios, relatos de partidos históricos y reflexiones sobre la sociedad. Galeano recorre la historia del fútbol desde sus orígenes antiguos (China, Egipto, pueblos precolombinos) hasta los Mundiales de la década de 1990 (con ampliaciones posteriores en ediciones actualizadas hasta 2010-2014).

Galeano narra el viaje triste del fútbol: de la belleza a la obligación, del juego alegre al espectáculo mercantilizado. El fútbol nació como un juego espontáneo, creativo y festivo, especialmente en los barrios pobres de Sudamérica, donde niños negros y obreros inmigrantes lo convirtieron en arte con pelotas de trapo.

Con el tiempo, la tecnocracia y el negocio lo transformaron en un producto: velocidad, fuerza, disciplina táctica, marketing y resultados por encima de la fantasía y la osadía.

A pesar de esta crítica, el libro está lleno de amor y admiración. Galeano celebra los momentos de magia que aún resisten: gambetas imposibles, goles inolvidables y la capacidad del fútbol para generar identidad, resistencia y alegría popular.

Temas principales. Orígenes y democratización — Cómo el fútbol inglés de élite llegó a América y fue “criollizado” por los sectores populares.

El fútbol como espejo social — Refleja clase, raza, política y poder. Habla de discriminación racial, dictaduras que usaron el fútbol como opio (Mussolini, Videla), pero también de resistencia (Barcelona republicano, Dinamo de Kiev contra los nazis, etc.).

Personajes inolvidables — Perfiles poéticos de leyendas como: Garrincha (el “ángel de las piernas torcidas”), Pelé, Maradona, Obdulio Varela, Cruyff y muchos otros menos conocidos pero míticos.

Los roles del drama — El sufrimiento del arquero solitario, la tiranía del árbitro, la locura del hincha, la soledad del ídolo caído, etc.

Crítica al negocio — Denuncia la comercialización, la explotación de jugadores y la pérdida de la alegría.

Frases emblemáticas. Galeano escribe que el fútbol es “música del cuerpo” y “fiesta de los ojos”. Una de sus ideas más citadas es que el fútbol hizo un viaje maravilloso: de los colegios ingleses a los baldíos de América, donde los pobres lo convirtieron en su idioma universal.

 

Conclusión

 

El fútbol a sol y sombra es mucho más que un libro de fútbol: es un ensayo sobre la condición humana, la memoria y la resistencia cultural. Galeano, que de niño soñaba con ser jugador pero solo jugaba bien mientras dormía, logra con las palabras lo que no pudo con los pies. El resultado es una obra emotiva, divertida, nostálgica y profundamente humana, considerada por muchos una de las mejores obras jamás escritas sobre este deporte. Es lectura obligada tanto para fanáticos del fútbol como para quienes quieran entender su enorme poder cultural y político.

«El fútbol es el único idioma que todos hablamos. Durante 90 minutos olvidamos colores, fronteras y problemas. Solo somos uno: hombres y mujeres de todas las edades, unidos por la alegría de un balón», sería una buena alegoría.

Y tú, ¿a quién le vas?

  •