EL PROFETA: Irán, el carnero herido
Por Ing. Fernando Gallardo Ybarra
Nadie se sorprendió al cruzar la imponente Puerta de Ishtar en Babilonia. Miles de israelitas de las tribus de Judá y Benjamín esbozaban rostros desencajados por la furia o la tristeza. Estaban cansados, también, por los más de cincuenta días de caminata tras la conquista de Jerusalén, la destrucción del templo de Salomón por Nabucodonosor II y el exilio forzado de su hogar, de la Tierra Prometida, para ser llevados cautivos a la llanura de Sinar. A Babel…
Las huestes infernales estaban apostadas contra el linaje de Judá; sabían que de él surgiría el Mesías. Yo vi cómo hicieron todo lo que estuvo a su alcance para pervertir al pueblo, en especial a sus guías y líderes. Es en este cautiverio cuando se escribió ese libro, esa “nueva ley”, ese grimorio llamado Talmud.
Y es en el cautiverio en Babilonia cuando el profeta Daniel tuvo aquella visión del carnero y el macho cabrío. Daniel narró, en aquellos tiempos, cómo fue trasladado al río Ulai y cómo, después de ver esa visión incomprensible, el arcángel Gabriel fue instruido por una voz para que le explicara el significado de su visión: “El carnero que viste, que tenía dos cuernos, estos son los reyes de Media y de Persia” (Daniel 8:20). Uno de esos reyes era Ciro el Grande.
Tengo que recorrer el mundo para guardar registro de todos los eventos de la batalla metafísica. Fui arrebatado en un carro de fuego tras combatir a los seguidores de Baal en el reino del Norte en tiempos de Acab. Estaré entre vosotros hasta el fin de los tiempos, hasta la parusía. Puedo estar en muchas partes al mismo tiempo; la gente me puede ver, oír y tocar, pero no hay forma de que alguien o algo guarde registro o memoria de mi presencia. Mis padres me pusieron por nombre Elías…
Y aquí estoy ahora, recordando el cautiverio, recordando los cantos que hacía el pueblo a su amada Sión, recordando la trama de la lucha metafísica que se desarrolló en Babilonia. Aquí estoy, recordando y observando lo que pasa. Aquí estoy en la cima de los montes Zagros, donde nace el río Ulai, el río de la visión de Daniel. Ese río que se conoce hoy como Karkheh. Ese río, con un cauce de más de 870 kilómetros, atraviesa la provincia de Juzestán, en el territorio del actual pueblo de Irán.
El pueblo iraní es descendiente de los persas, de ese carnero de la visión de Daniel. Y el cuerno de mayor tamaño del carnero, Ciro el Grande, es el padre de su historia, y son los iraníes herederos de las hazañas del conquistador. Lo recuerdo bien: el Imperio persa abarcaba desde la India hasta lo que hoy es Turquía. Ciro el Grande conquistó también Babilonia y, tras un edicto, permitió a los judíos volver del cautiverio a Jerusalén y reconstruir el templo. Los persas eran un pueblo indoeuropeo proveniente de las estepas de Asia Central que seguían las enseñanzas de Zoroastro. El imperio fue después conquistado por Alejandro Magno, quedando bajo el dominio de Seleuco, quien conformó luego el Imperio helenístico Seléucida. Poco más de dos siglos después, los romanos derrotaron y desbarataron a los seléucidas. Mientras tanto, una tribu escita asentada en la parte suroriental del mar Caspio, conocida como los parnos, se extendió hasta conquistar los territorios iraníes y conformar el Imperio Parto.
Cinco siglos después, los partos fueron derrotados y conquistados por Ardashir I, conformando el Imperio Persa Sasánida. Los sasánidas se decían herederos de los persas y deseaban recuperar la gloria de aquel imperio; iniciaron un proceso de restauración de la cultura persa, pero, tras el debilitamiento por la guerra contra Bizancio, en el siglo VII después de Nuestro Señor Jesucristo, fueron conquistados por los musulmanes, quedando bajo el dominio del Califato Rashidun. Se inició así el proceso de asimilación del islam en el pueblo persa.
Hace unos días, un bombardeo dirigido a bases militares y activos de guerra de una agrupación llamada Guardia Revolucionaria Iraní, en Juzestán —justo ahí donde pasa el río Ulai, el río de la visión del carnero del profeta Daniel—, cobró víctimas civiles en el llamado «daño colateral»… La guerra de Estados Unidos y el Estado de Israel contra el Irán islámico es la continuación de un conflicto que inició en 1979 tras la Revolución Islámica, que transformó a Irán en una teocracia hostil al Estado de Israel, rompiendo la alianza previa de la época del corrupto y déspota sah, Mohammad Reza Pahlaví. Desde entonces, la rivalidad se ha caracterizado por una «guerra en la sombra», sabotajes, ciberataques y el apoyo de Irán a grupos como Hezbolá, aumentándose significativamente en años recientes con ataques directos y el avance del programa nuclear iraní.
No se puede entender esta guerra desde los dichos, discursos, narrativas y propaganda de los medios de comunicación. No se puede entender tampoco desde lo que manifiestan como convicción religiosa, porque los musulmanes, en su religión, dicen respetar a los protestantes, puritanos y judíos, porque el Corán, su libro principal, tiene un vínculo cercano con el Antiguo Testamento; los llaman “gente del libro”. No se puede entender tampoco desde la historia y el análisis de los pasados grandes conflictos, como la Segunda Guerra Mundial, porque los judíos, habiendo padecido persecución y muerte, ahora persiguen y matan a los iraníes, antiguos persas que los liberaron de Babilonia y los apoyaron material y económicamente para reconstruir el templo en Jerusalén.
Esta es una guerra por el poder político y económico. Tres pueblos y tres naciones con un acendrado espíritu de conquista y dominación imperial se debaten por reducir a una a la servidumbre. En el fondo, se ve a la misma bestia de muchas cabezas, todas de distintos tamaños, pero todas compartiendo el mismo cuerpo, y todas viviendo y nutriéndose de él. Matar o someter a una cabeza significa una mayor preponderancia sobre las demás.
Y es que hay otras reglas, otros textos y otras fuerzas que están detrás del Corán, de el Talmud y de las escrituras puritanas y protestantes. Fuerzas que también luchan y se pelean a muerte entre ellas, fuerzas cuya moral viene dictada desde el averno.
Ruego a Dios que guarde y proteja a todos los pueblos en estos tiempos de calamidad e incertidumbre… A seguir andando por este mundo… No. 5
*Coordinador del club de liderazgo Jaguares y Águilas
La entrada EL PROFETA: Irán, el carnero herido se publicó primero en Primera Plana Digital - Noticias de Sonora y México.












